Hace ya algo más de un año que nuestra vida más o menos tranquila y predecible (o eso nos parece ahora en la distancia) se convirtió en algo que parece sacado de una película de catástrofes de Hollywood. La pandemia del coronavirus nos ha enfrentado a un cambio radical de nuestra manera de relacionarnos, de trabajar y de pasar el tiempo libre. Es probable que dentro de 30 años contemos esta época extraña como una batallita de abuelo cebolleta, una especie de paréntesis onírico en nuestra vida normal. Pero aunque sabemos que estos cambios no llegan con afán de permanencia, hay varios de estos aspectos que nos han cambiado para siempre, ya que nos han obligado a probar servicios y a costumbres que han demostrado su versatilidad y han encontrado su hueco. Desde Ágatar repasamos los cambios principales:

 

  • Ocio: Es obvio que una de las grandes válvulas de escape durante el confinamiento fue el uso de Internet. Si una situación como esta se hubiera dado en los 90 habría sido mucho más difícil de sobrellevar. Los minutos diarios dedicados a navegar aumentaron de media en casi 40 minutos diarios más durante el confinamiento y esas cifras todavía revelan un ligero aumento, según un estudio de la consultora GfK. Pero lo importante aquí más que el tiempo son los hábitos y hay determinadas costumbres que se han quedado entre nosotros: el consumo de productos audiovisuales por Internet ha crecido. Netflix, por ejemplo, ha aumentado sus ingresos en un 73% durante 2020. Pero también lo ha hecho el consumo de otros tipos de ocio: el porcentaje de lectores habituales ha pasado del 50 al 57% a raíz de la pandemia, según el barómetro del Gremio de Editores.

 

  • Teletrabajo:  En uno de sus tuits más certeros, la cuenta de Twitter que jugaba a personificar al coronavirus decía que nadie había hecho más por el teletrabajo que él. Y tendremos que creerlo. De ser algo totalmente residual se ha convertido en el rey por necesidad. Lo que nos va a quedar de esta situación es que muchas empresas (y muchos trabajadores) han descubierto que es posible el teletrabajo y que con un poco de voluntad se puede mantener la productividad desde casa. El reto ahora es separar la vida personal de la laboral, como ha intentado lograr la nueva ley del Gobierno sobre este particular. De momento, no está claro que haya favorecido la conciliación al hacer más fácil que se realicen horas extra de trabajo. Y el cuidado de los hijos sigue siendo un problema en las familias. Uno que, además, sigue recayendo sobre todo en las mujeres.

 

  • Comercio electrónico: Uno de cada diez usuarios de comercio eletrónico actuales nunca lo había probado antes del confinamiento. Y cuatro de cada diez han probado tiendas en las que no habían comprado antes. Según un estudio de IAB la mitad de los usuarios aumentaron su uso del comercio electrónico y algo más del 40 se decidió por primera vez a comprar productos físicos. Esto supone derribar una barrera. Una buena parte del aumento del comercio electrónico en España y en el mundo de sustentaba en el uso de productos 100% digitales, pero la tendencia que ha marcado la pandemia va por otros derroteros. Y según valoran los expertos, este cambio de tendencia se va a mantener.

 

  • Salud Mental: ¡Qué difícil es valorar las cosas cuando las tenemos siempre al alcance de la mano! Uno de los cambios principales que ha traído la pandemia ha sido la limitación del contacto físico, con todo lo que eso supone para el bienestar psicológico. Un cierto miedo a las aglomeraciones de gente se han qudado instalado en la población. Pero quizá lo más preocupante sea el aumento de casos de ansiedad y depresión causados por la incertidumbre de la situación actual. Esta pandemia nos ha hecho darnos cuenta del valor real que tienen las interacciones sociales en nuestro día a día.

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